En un pueblo de la provincia de Jaén llamado Castillo de Locubín un día 24 de abril de 1.924 en el seno de una familia formada por mis padres, Rafael y Amelia, nació Juan Antonio Contreras España, en la actualidad vecino de Los Rosales (Sevilla).
Este niño como todos los de aquella época iba a la escuela, teníamos unos buenos profesores. Recuerdo a don Plácido Caballero Estepa, era un poco duro pero enseñaba mucho y salieron muy buenos universitarios.
Con siete años me metieron de monaguillo. Como la iglesia era por la mañana, por las tardes nos íbamos al paseo a jugar a los juegos típicos de aquella época y nos comíamos un canto de pan, aceite y azúcar y nos sabía a gloria. Esa era la vida de nuestra niñez.

Un domingo 18 de julio del 1936 amaneció todo el pueblo un poco revuelto y nos decían que era la guerra. Así estuvimos 3 años, cambiamos la escuela por los aviones y las bombas, o sea un desastre. Fue un lío sin pies ni cabeza. Luego vino lo peor, las penas, el hambre, la miseria y empezar a trabajar.
Cuando yo ya era mayor me dediqué a trabajar en el campo y otros menesteres como olivarero.
En tiempo de recolección nos colocábamos en los molinos de aceite y no lo pasábamos bastante bien ya que éramos buenos compañeros y amigos y teníamos unos maestros inmejorables y al mismo tiempo nos beneficiábamos de una ración de pan que nos daban como premio al exceso de trabajo. Así nos íbamos pasando el tiempo y poniendo mayores hasta llegar a la mili.
Entre tanto por las noches nos reuníamos los amigos, hacíamos nuestros planes y nos divertíamos a nuestra manera, y con los pocos medios económicos que teníamos nos divertíamos mucho. Íbamos de noche a los cortijos de baile y las jóvenes salían a dar unos paseos por las calles a dar un vistazo haciendo amistades, unas se convertían en noviazgos y otras no.
No quiero pasar estas líneas sin hacer mención de la mili. Fui soldado con la quinta 47 y me toco en Zaragoza (quinta región), una gran capital junto a la academia militar San Gregorio. Allí estuvimos todo el periodo de instrucción, luego fuimos trasladados al gobierno militar Soria, donde lo pasé muy bien. Estaba más tiempo en casa que en el cuartel siempre a las órdenes de Don Timoteo Vega Lesmes, secretario del gobierno militar de Soria.También recuerdo el nombre de don Ignacio Balanzar Toruntegi y con los compañeros nos llevábamos bastante bien, pero llegó la hora de volver a la vida civil. Ya el pueblo,vimos que se nos quedaba pequeño y había que buscar otros horizontes en los que hubiera más vida y un día treinta de abril de 1948 decidí emprender una nueva aventura y llegué a esta barriada de Los Rosales y encontré unas familias a las que les estoy muy agradecido por darme calor y trabajo, aunque fue un poco difícil adaptarse, pero pronto pasó, ya que las circunstancias así lo exigían. Pero al poco tiempo me cambió la vida al encontrar la mujer de mi vida,con la que, a pesar de los pocos medios económicos que teníamos, pronto me casé y formamos una familia.
Han sido cuarenta nueve años de tratos muy buenos, de lucha continua para sacar la familia adelante tanto mi señora como yo.
Mi señora y madre de mis hijos se llamaba Encarna, nacida en Cáceres, provincia Málaga.
Tuve una buena madre y una buena esposa y en nuestro matrimonio han nacido cuatro hijos, un varón y tres niñas, dádonos todos nietos.
En cuanto mi vida laboral tanto aquí como en el pueblo que yo nací ha sido trabajando en todo lo que se me ha mandado, como por ejemplo en el campo, en la descarga de algodón, en la azucarera, en la cooperativa de las naranjas, y terminando como cartero de Los Rosales.
Pero al fin llegó el día de la jubilación y hubo que empezar una nueva vida. Al poco tiempo de jubilarme se celebró la Expo. Nos sacamos el abono y a disfrutar de ver todo lo que allí había, que no era poco. Fuimos dos meses casi seguidos y nos lo pasamos bastante bien con mi buen amigo Rafael Calurano, que desgraciadamente ya no está con nosotros.Luego empezó otra etapa, se organizó el hogar del pensionista y me invitaron a ser de la directiva y empezamos a trabajar y a organizarnos. Formamos un buen equipo con ganas de hacer cosas. Se organizaron viajes comerciales, recreativos, comidas, fiestas, carreras de bicicletas, petanca y otros.
De esta forma ha transcurrido mi vida, haciendo cosas buenas, aunque no siempre ha sido así, también hemos tenido errores, pero con la conformidad de hacerlo bien.Bueno así hemos llegado hasta el día de hoy, y sin más me despido agradeciendo a todos mis amigos y familiares tanto de Castillo de Locubín como de aquí de Los Rosales, en especial a mi mujer Encarna que en paz descanse.
Juan Antonio Contreras España